18 | ago | 2012
| Fotografía por: Tutty
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El Taxi en Monterrey

El fenómeno del taxi en Monterrey no se dio formalmente hasta finales de los ochenta, década que los vio surgir como una forma de transporte organizada y debidamente registrada, con ese característico color verde que todavía hoy los distingue. Antes de esto no abundaban los taxis, ya que la complejidad de la ciudad de aquel entonces no los requería. Es en ese sentido que podemos posicionar al taxi como termómetro del crecimiento de Monterrey como fenómeno social y urbano.


Una de las mejores maneras de entender a la ciudad -su gente, su historia, sus monumentos y sus problemas- es subiéndose a uno. Al hacerlo te toparás frente a frente con alguien que está en constante contacto con personas de todo tipo, desde el menos privilegiado que ahorra sus monedas para el aventón, hasta el rico que prefiere evitar usar su coche por la razón que sea. Es muy entretenido cuando uno se da la oportunidad de entablar un dialogo con alguien que literalmente está en la calle todo el día -recorriendo las venas de la ciudad de arriba abajo- recopilando las aventuras más sobresalientes que sus efímeros tripulantes puedan compartir. Pero no hay que dejar de un lado que estos ‘halcones’ privilegiados son de las personas más informadas que circulan el entramado vial. ¿Quién no ha buscado la ayuda de un taxista para encontrar una calle o algún lugar desconocido?


El taxista es, en esencia, un espejo citadino al cual le toca experimentar narrativas muy diversas. Si el taxista es respetuoso la transportación se da sin mayor contratiempo. Pero si éste es amigable se abre la posibilidad de una comunicación tan personal con alguien que muy factiblemente ya no veremos, que nos da la oportunidad de explayarnos desde lo más profundo de nuestro ser, no esperando nada más que el ser escuchado. En algunas ocasiones podemos ser tan afortunados de recibir algún consejo o un simple comentario que nos puede alegrar el día. En el mejor de los casos se puede lograr una amistad duradera en el camino a nuestro destino original.


Por otro lado, el taxi es una forma de transporte que responde directamente a nuestras necesidades de movilidad, y es aquí en donde se produce su máxima utilidad. Es por eso que el taxi se antoja como una de las mejores formas para conocer la ciudad, siempre y cuando las distancias lo ameriten. Ningún otro tipo de transporte ofrece tanta flexibilidad. Lo único negativo es que en muchos casos existen conductas inapropiadas como resultado del abuso de las tarifas legalmente establecidas. Es muy común en la ciudad que los taxistas cobren la llamada ‘tarifa nocturna’, la cual es arbitrariamente fijada para los trans-nochadores de fin de semana. En esos casos se recomienda mucha tolerancia, ya que detrás de éste siempre está algún otro honesto esperando para llevarnos a casa.


Otro fenómeno interesante de la cultura del taxi regiomontano fue el auge de su uso como resultado de la imposición de los filtros anti-alcohol que surgieron a inicios de la década pasada. Esto disparó la recurrencia de la gente que ahora dependía de los taxis para poder divertirse sin presiones de orden público. Un efecto de esto fue que se multiplicaron las flotillas y las rutas para darle cabida a la, cada vez más ecléctica y exigente, clientela. En pocas palabras, los taxistas ‘hicieron su agosto’ en aquellos tiempos (2001-2006).


Pero como buena radiografía de la ciudad, la estructura de taxis ha sufrido también con la reciente inseguridad que ha lastimado la vida social de muchos regiomontanos (2007- ). La gente simple y sencillamente redujo sus salidas cotidianas por la cultura del miedo que nos azota. Y, en esa misma línea, la vida nocturna ha sido la víctima más significativa. Es por eso que el taxista de hoy se queja de la baja de la actividad económica de la comunidad en que vive, ya que él ha sido el primer perjudicado.


Ulteriormente, el moverse en taxi sigue siendo una de las maneras más prácticas para desplazarse en Monterrey, ciudad que tristemente no ha desarrollado un sistema de transporte público que esté a la altura de nuestra comunidad. Es por eso que la paradoja de libertad de movimiento que representa el taxi termina ahogándose en la densidad del tráfico en la que él mismo participa. Sus ganas de ser el mejor son frenadas por las de muchos otros que también buscan lo mismo. Como quiera que sea, no cabe duda que moverse en taxi en esta ciudad ofrece mucho más aventuras de las esperadas. La clave está en la paciencia, y en el hacer de ella una oportunidad para hacer nuevos amigos y de auto-conocerse en el camino.

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