01 | jul | 2012
Nota por: Miguel A. Fuentes
| Fotografía por: E. Carton
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El color en la ciudad

Alguna vez te has preguntado ¿Qué es lo que le da color a tu ciudad? ¿Por qué es que percibimos algunas ciudades más coloridas que otras? ¿Por qué algún tubo, cable o estructura es de tal o cual color?


¿Será su gente? ¿Su luz? ¿Capricho del constructor?, o ¿será tan sólo la percepción personal que tenemos?


Todo esto puede ser posible, es por ello que siempre los espacios urbanos se presentan ante nuestros ojos con gran variedad de matices, saturaciones y sombras. Y en la mayoría de los casos no nos detenemos a reflexionar si éste o aquel color se debe a un manejo intencional o simplemente a algo fortuito.


En algunas ocasiones los colores en el contexto urbano tienen un significando en particular y hacen referencia a algo determinado. En otras, los colores urbanos sólo obedecen a deseos o caprichos de sus habitantes o quienes tomas las decisiones.


Cuántas veces no hemos visto que alguna obra pública se pinte de color del partido del gobernador en turno. O que de una casa a otra la paleta de color cambie abismalmente. Éstos son claros ejemplos de manejo de color al capricho.


Las señales de tráfico pueden ser ejemplo de algo más reglamentado; el rojo, el azul y el amarillo tienen diferentes significados. Un cordón de una banqueta en color amarillo me dice una cosa, en color rojo me dice otra y en azul otra completamente diferente. Estos significados están estandarizados mundialmente, forma un código o lenguaje universal para poder transitar por espacios urbanos si hablar siquiera el idioma de la localidad.


Es así cómo nos conducimos mediante un lenguaje que no requiere de sonidos, letras o grafía… con tan sólo un color basta. Igualmente en la instalación eléctrica o hidráulica de un moderno edificio. Los colores de los cableados y tuberías indican qué es lo que está pasando por ese cable o tubo.


En el caso de fachadas y residencias el color se plasma de una manera muy diferente. Aquí generalmente no existe un código o reglamento para aplicar color, salvo en contados casos. Algunos fraccionamientos ya manejan sugerencias cromáticas; ciertas áreas públicas y centros históricos ya tienen reglamentados sus colores y la paleta está definida por el ayuntamiento o algún consejo consultivo.


En el terreno comercial y de la publicidad es donde se manifiesta el caos del color urbano. Todo se vale y todo se puede. Basta con que echemos un vistazo a la Calzada Madero o la avenida Juárez… marquesinas atiborradas de anuncios luminosos, lonas, ofertas, promociones de la más variada gama de colores y por ahí, de vez en cuando, escondido algún testigo publicitario de décadas pasadas.


Es así cómo la urbe nos presenta sus colores. Desde la ordenada cromática de las señales de tránsito hasta los coloridos mensajes publicitarios en espacios tan íntimos como el WC.


Propongámonos hacer una pequeña reflexión antes de aplicar o sugerir algún color que vaya a vestir nuestra urbe. Es así como formaremos una conciencia del fenómeno ambientan que éste pueda causar o producir.

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