11 | jul | 2012
Nota por: Francisco J. González
| Fotografía por: rosipaw
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Arquitectura para temperaturas extremas

Todo acto de construcción es un desafío a la naturaleza.
Emilio Ambasz


Partiendo de esta premisa, establecemos un distanciamiento como especie a lo que la naturaleza nos ofrece en su estado crudo. El ser humano, desde tiempos inmemoriales, ha trabajado para adaptar su entorno en función de sus necesidades. Eso es la arquitectura, eso es la tecnología, eso es la construcción. Las primeras tribus que tuvieron la necesidad de asentarse en un lugar establecieron como base las cuevas, que necesitaban pocas adecuaciones. Después vino la choza de paja, de lodo, la casa de mampostería de adobe, de ladrillo, de block de concreto o de acero. La arquitectura del hombre mano a mano con su audacia para adecuar su entorno y con la tecnología que éste va desarrollando.


Así pues, la naturaleza y sus exigencias han impulsado la innovación tecnológica y constructiva de nuestra especie. Es lógico, entonces, que en los lugares más inhóspitos y menos adecuados al ser humano será donde éste tenga que emplearse a fondo para solucionar su problema de habitabilidad, de refugio. Las ciudades con temperaturas extremas.


Existe un sinfín de condicionantes que afectan las formas en que un edificio debe de responder a su entorno; precipitaciones, asoleamiento, aire, humedad, tipo de suelo, entorno natural o urbano, entre otros. Existen, también, condicionantes subjetivas: sociales, psicológicas, perceptivas, etcétera. Las primeras son condicionantes climáticas, las cuales son resultado, entre varias cosas, de su emplazamiento geográfico en la tierra, la altitud del lugar, su orientación respecto a montañas o cordilleras en la zona, su continentalidad, es decir su proximidad con el mar, por mencionar algunos. Existen muchas clasificaciones de climas con sus subdivisiones, por ejemplo el clima cálido puede dividirse en cálido húmedo y cálido seco. Sin embargo, para efectos de los alcances de este escrito nos limitaremos a la clasificación de los climas determinados por la temperatura.


• Climas sin inviernos: el mes más frío tiene una temperatura media mayor de 18 °C. Corresponde a los climas isotermos de la zona intertropical en áreas inferiores a los 1000 m de altitud, aproximadamente.
• Climas de latitudes medias: con las cuatro estaciones.
• Climas sin verano: el mes más caluroso tiene una temperatura media menor a 10 °C.


De la siguiente clasificación entonces escogeremos el primero y el tercero, siendo éstos los que caen en nuestra descripción de temperaturas extremas.


¿Cómo tiene que responder un edificio a estas temperaturas extremas?
Rafael Serra, en su libro Arquitectura y Climas, nos habla de los parámetros de confort a los cuales tiene que responder un edificio. Dichos parámetros, dice, son aquellas características objetivables de un espacio determinado, que pueden valorarse en términos energéticos y que reciben las personas que lo ocupan. Pueden analizarse independientemente de los usuarios y son el objeto directo del diseño ambiental en la arquitectura. Dichos parámetros son, en resumen: Visuales, que atañen a la luz y sus derivaciones cromáticas en un espacio; Acústicos, sobre el nivel sonoro y el tono, alto / bajo, grave / agudo; y, Climáticos, sobre la temperatura, humedad relativa, movimiento del aire.


Entonces, para que un edificio ofrezca confort a sus habitantes, en cuanto a temperatura, éste debe ser capaz de controlar la ganancia o pérdida térmica en su interior a fin de ofrecer a su usuario una temperatura y un grado de humedad óptimo y estable. ¿Y cómo se logra esto?


Existen muchas tecnologías constructivas a nuestro alcance para lograr dicho objetivo. Generalmente si uno usa como referencia la arquitectura vernácula, de tal o cual zona, se topará con excelentes soluciones, resultado de la experiencia tecnológica del ser humano acumulada a través de la historia.


En regiones desérticas con climas cálido-secos las temperaturas en el día son extremadamente altas, pero en la noche disminuyen drásticamente. Las precipitaciones son escasas y el ambiente es seco. La arquitectura vernácula de dichas zonas tiende a estar hecha de gruesos muros de tierra de la región, con aberturas chicas y techos altos. Esto tiene como objetivo el máximo control de la inercia térmica entre interior y exterior. En muchas ocasiones se usan elementos para la afectación del microclima, como los patios mozárabes con fuentes que proporcionaban sombra y refresco a sus moradores. Donde es posible, también, se plantan árboles para proteger a las edificaciones sobre todo del sol poniente que es el más intenso.


En las zonas cálido-húmedas propias de las zonas intertropicales, las temperaturas son altas, pero moderadas y constantes. Las precipitaciones son frecuentes por lo que la radiación solar aunque intensa es más difusa, pero la humedad es más alta y constante. La arquitectura popular de estas zonas se caracteriza por ser muy ligera, hechas de bambú o madera de la región, sumamente ventilada, con grandes techos de palma que ofrecen sombra, pero que a la vez permiten el libre flujo del aire caliente que sube y el aire fresco que llega por los laterales de la vivienda. Los edificios suelen separarse del suelo para propiciar una mejor exposición a la ventilación fresca de las brisas provenientes del mar, así como protegerse de las inundaciones en las temporadas de lluvias.


En las regiones de climas sin verano, propias de las latitudes altas próximas a los círculos polares, las temperaturas son sumamente bajas todo el año, recrudeciéndose obviamente en invierno. Existe escasa radiación solar y las precipitaciones son sólidas. Las arquitecturas autóctonas tienen como principal objetivo el conservar el calor al interior. Los edificios típicos, iglús, son compactos. Sus formas sirven para minimizar la acción de los vientos fríos en ellos, siendo que el movimiento del aire ejerce una acción directa en la sensación térmica. Se tienen aperturas chicas para controlar la perdida de calor y, si es posible, se orientan los edificios de manera que puedan aprovechar al máximo la poca radiación solar de la zona.


Sin embargo, con la llegada de la era del petróleo y su explotación como principal combustible en la Tierra, los seres humanos nos hemos acostumbrado a usar y abusar de la energía para crear sistemas artificiales de calefacción y enfriamiento en nuestros edificios. Siendo la época de los setenta y el, malentendido, uso del estilo moderno generadores de los más atroces ejemplos de despilfarro energético en cuanto a arquitectura se refiere. Grandes prismas cuadrados forrados de ventanas reflejantes, aislados completamente de su exterior y dependientes de costosos sistemas de climatización artificial fueron la norma durante muchos años. Y, es a partir de un par de décadas a la fecha que hemos caído en la conciencia de que nuestros edificios deben de resolver el objetivo de proporcionarnos confort de una manera más eficiente, aprovechando y desenterrando el conocimiento histórico que nuestros antepasados nos han legado y, una vez más, impulsando nuestra creatividad e ingenio para el uso correcto y eficiente de los diversos tipos de materiales y energías a nuestro alcance para generar una nueva forma de construir y habitar. Una nueva forma de hacer arquitectura.


Actualmente, se vive una incertidumbre en cuanto que lo que el futuro nos depara en cuestión del clima y las temperaturas que habrán de imperar en la Tierra en las próximas décadas. Hay teorías que indican que es probable que venga otro periodo de glaciación terrestre, por lo cual nos tendremos que preparar para que nuestros edificios y ciudades soporten temperaturas gélidas. Y, por otro lado, hay quienes afirman que el calentamiento global es inminente y que anualmente la temperatura promedio de la tierra se incrementa gradualmente. En este caso tendremos que ser eficientes para crear edificios que propicien espacios frescos y de humedades controladas. Sin embargo, sea cual sea el futuro climático de nuestro planeta, lo que es inminente es el fin de la era del petróleo. Año con año se vuelve más y más latente la necesidad de hacer uso de otras fuentes energéticas como la solar, la eólica, la geotérmica, toda vez que no se ha logrado que la energía nuclear sea limpia y segura de usar.


En este contexto México se encuentra en una disyuntiva. Las políticas internas que impulsa el gobierno siguen dependiendo de la explotación del petróleo como principal fuente de energía. Por otro lado cada vez más son más las personas, arquitectos y constructores que voltean al pasado para revivir y reaprender los antiguos métodos de construcción. Los cuales, a partir de tecnologías pasivas, son capaces de generar espacios suficientemente confortables para ser habitados y disfrutados. Los años venideros serán pues fundamentales para definir los rumbos por los cuales habremos de orientar nuestros esfuerzos a fin de crear ciudades y arquitecturas inteligentes, lógicas, adaptadas a su tiempo y a su contexto de climas y temperaturas extremas.

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