10 | may | 2012
| Fotografía por: Gobierno Buenos Aires
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La ciudad: Lugar y crecimiento

“El lugar es allí donde nos paramos: es pausa; es algo análogo al silencio en una partitura.”
(Massimo Cacciari, La ciudad, 2010)


Los silencios dentro de nuestra ciudad han sido puestos en agenda pública recientemente, generalmente ni notamos su ausencia, debido a la prisa con la que vivimos. Salir a un parque, donde podamos estar en estado activo o de contemplación, nos ayuda a la introspección y a desarrollar nuestro potencial humano; más allá de un lugar “verde” y vacío, es un espacio lleno de posibilidades para los encuentros, desde temprana edad, los cuales constituirán en un futuro la participación social necesaria para las decisiones de la cuadra, la colonia, el municipio, el estado y el país.


Massimo Cacciari refiere, en su libro La ciudad, que “no existe la Ciudad, sino que existen diversas y diferenciadas formas de vida urbana”. Lo cual me lleva a cuestionar las diferentes formas de vida urbana que se viven en Monterrey, ¿qué le pedimos a la ciudad? “Por un lado consideramos la ciudad como un lugar donde encontrarnos, donde reconocernos como comunidad; la ciudad como un lugar acogedor, un “regazo”, un lugar donde encontrarse bien y en paz, una casa. Por otro, cada vez más consideramos la ciudad como una máquina, una función, un instrumento que nos permita hacer nuestros negotia (negocios) con la mínima resistencia. De modo que seguimos pidiéndole a la ciudad dos cosas opuestas.”


Dentro de las formas de vida urbana que tiene Monterrey nos encontramos con una gran área destinada a centros comerciales cerrados y climatizados, muchos fraccionamientos privados y políticas municipales que lo permiten a ton y son (recordemos la barda limitante entre Guadalupe y San Nicolás, por mencionar un ejemplo). Por lo tanto, la convivencia entre seres humanos, que viven este tipo de vida urbana, ha sido consecuencia de un principio básico: el derecho privado. “Se trata solamente de un conjunto de personas que entrelazan las relaciones sobre la base del interés recíproco, como empresas que se relacionan mediante contratos comerciales. [...] Somos personas indiferentes las unas respecto a las otras, pero personas que cohabitan; regulamos nuestras relaciones en base al derecho privado. Pero, eso es así, nos “movemos” en algo que nos obstinamos en llamar ciudad, pero nos “paramos”, vivimos en un condominio”.


A pesar de cohabitar un lugar siendo indiferentes ante la comunidad, hay algo que está dentro de la naturaleza de todos: el contacto con otro ser humano. Esto, ha provocado que poco a poco se dirija la mirada hacia el mejoramiento de los espacios públicos comunes, ya que el área de la ciudad destinada a esta convivencia, donde nos “paramos” a reflexionar, contemplar, charlar con alguien, hacer ejercicio, etcétera, está tomada en cuenta gracias a la OMS que, a la par con los Derechos humanos, ha apoyado desde el año 2004 el “Derecho a la ciudad”, que garantiza políticas públicas para el mejoramiento de la calidad de vida de todos los seres humanos.


Tan esencial es este factor en la calidad de vida humana que la OMS recomienda que las ciudades dispongan, como mínimo, de entre 10 a 15 m2 de área verde por habitante. El “área verde” se tiene que contabilizar de acuerdo a los espacios donde las personas puedan recrearse públicamente; esto lo explican mejor María del Carmen Meza Aguilar, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, y José Omar Moncada Maya, del Instituto de Geografía de la UNAM, en su estudio “Las áreas verdes de la Ciudad de México, un reto actual”; cuando se toma en cuenta el área de vegetación pública en suma con la privada, se genera un promedio irreal para poder medir el impacto que esa área tiene sobre la población en general.


La manera de relacionarnos desde pequeños con los demás miembros de la sociedad, en espacios que realmente sirvan como fin y como medio para la convivencia, depende del sentido de apropiación hacia ese lugar que tenga dicha comunidad. En un futuro no muy lejano en México tendremos espacios tan llenos de vida gracias a la participación ciudadana y al encuentro entre las personas en los “lugares”. Recomiendo mucho inspirarnos en estos proyectos de recuperación de espacios que han surgido a lo largo del mundo, para entender, de una vez por todas, que sí es posible vivir mejor.

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