15 | may | 2012
| Fotografía por: Justin Beckley
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Ciudad creativa

No cabe duda que la vida urbana es el resultado de la creatividad del hombre en su afán de civilizarse. Pero el haberle cargado la mano a las ciudades, como resultado de la complejidad y la demografía, tuvo como efecto la simplificación de su organización en variables más que nada corporativas y económicas, en detrimento de una cultura en sí creativa. De esta forma, lo que sucedió es que la construcción y el crecimiento de las ciudades se realizó a partir de la localización de los recursos necesarios para su existencia, donde la delimitación de sus alcances geográficos se adecua básicamente a la prevención de las inclemencias naturales resultado de su desmedida expansión.


Hoy somos testigos de cómo este modelo carece de resonancia con la ciudadanía, dado que estaba limitado y justificado en variables macro -en donde los políticos y las instituciones habían hecho de la creatividad algo jerarquizado. Ser creativo, bajo esta visión, estaba relacionado con el desarrollo de ideas para mejorar los procesos institucionales de la sociedad urbana, pero desde un enfoque limitado. Aquí la creatividad es un concepto cerrado, ya que se encomendaba directamente a resolver problemas específicos y rutinarios de la ciudad.


Los chinos han venido demostrando el poder de los ‘clusters’ y del capital humano como la clave para hacer de las ciudades plataformas para el desarrollo de la sociedad. No sólo es económicamente viable el tener aglomeraciones de personas e ideas afines. Es fundamental para hacer de la ciudad algo atractivo para la gente creativa, que ciertamente busca recolocarse en áreas más móviles y flexibles en su búsqueda de movilidad social, pero también de crecimiento personal.


Las clases creativas contemporáneas pueden hacer uso de Internet como plataforma para construir comunidades más diversas e inclusivas, desde donde se pueda generar alternativas que trasciendan a la corporatización de la creatividad que es tan característica de la forma clásica de hacer urbanismo. La red pone a competir a individuos que provienen de diferentes contextos laborales y culturales; incluso, convierte a esta competición en un mercado libre de ideas que le posibilita a muchos su participación. Lo valioso para esta nueva forma de representación virtual es que abra el potencial para que las ideas ya existentes se trastoquen, pero que por otro lado surjan nuevas formas creativas en donde se establecen nuevos nodos de expresión y discurso para responder a requerimientos más inmediatos y, ciertamente, más locales de creatividad.


Pero todo esto, al final, se da en espacios geográficos específicos en el mundo real, que simplemente han establecido a la creatividad como la base del desarrollo de sus comunidades. En este sentido, la comunidad innovadora dicta lo que es la ciudad y no al revés. En vez de contener áreas organizadas alrededor de status socio-económico y étnico, las células creativas pueden reconstruir el espacio habitable desde abajo hacia arriba, de manera inter-cultural, reconformando en el camino el discurso urbano y citadino. La heterogeneidad y el contraste se convierten en las fortalezas de esta nueva forma de urbanismo creativo. Además se trasciende, por fin, la óptica que generaliza y estandariza lo social por cuestiones de eficiencia. Lo más importante es que se toma en cuenta a la ciudadanía, la cual mediante la creatividad hace de su participación algo concreto.


Este nuevo modelo propuesto es muy útil para definir el espacio público dentro del cual se vive y se busca respetar. Ulteriormente, la clase creativa es una forma de sociedad civil –un sector empoderado de la opinión pública– que hace uso de su poder ciudadano, el cual es soportado mediante una educación sólida y una visión innovadora. Lo que ahora une a la gente es la pasión por crear. Y por eso hay que juntarse para convivir.

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