20 | may | 2012
Nota por: Lucas Villarreal
| Fotografía por: twicepix
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¿Qué nos impulsa a visitar una ciudad?

Por un lado, existe esta idea romántica de ir a donde no conocemos pero sabemos de su existencia atrayente, de conocer este sitio maravilloso del cual nos han contado o hemos recibido un “recuerdito”, estos lugares con los que fantaseamos constantemente y pensamos: “Algún día iré a…” Si bien las ciudades originalmente se hacen a partir de la economía, pasada o presente la cual se refleja en su arquitectura y urbanismo, una de las principales razones por las que viajamos recreativamente a algún destino es por su vocación.


Existen ciudades que cuentan con una gran cantidad de museos o bien con desarrollos inmobiliarios espectaculares, otras recurren a contextos naturales que nos invitan a tomar el sol, escalar una montaña o descubrir especies nativas. Sin embargo, la tendencia del último siglo ha sido provocar eventos específicos por los cuales llega uno a cierto lugar. Actualmente las personas pueden decidir su destino a partir de intereses personales; puede uno viajar a Milán para ir a su feria y encontrarse además con una cantidad impresionante de exposiciones alternativas sobre diseño y mobiliario; pagar infladas sumas de dinero para ser espectador de las olimpiadas o un mundial en la sede en turno o bien asistir a Cannes durante diez días para estar en contacto con lo más selecto del cine mundial y si el objetivo es degustar los manjares más exquisitos e innovadores, MadridFusión es el evento a asistir.


Hoy en día, la escala de estos eventos es otra, cada vez son más recurrentes los esfuerzos de pequeños y medianos grupos que se organizan alrededor de un tema especifico, permitiendo que aquéllos que tienen interés común en algo en particular se congreguen en un barrio o zona para asistir a dicho evento. Cuando las cosas salen bien, el suceso se repite y probablemente crezca en nombre y tamaño. Como ejemplo, el festival Nrmal de música que se lleva a cabo en San Pedro Garza García, en su primera edición contó con poco menos de 2 mil asistentes, en su gran mayoría locales; mientras que los pasados tres años, casi llegan a 5 mil personas provenientes de toda la República Mexicana y del extranjero.


La pregunta final es: ¿Qué estamos haciendo para que nuestro hábitat, cualquiera que este sea, se convierta en un lugar visitable, en un sitio aspiracional para el buen turismo? En la medida que tomemos conciencia, del rol que podemos tomar como actores en la cuidad, ésta se convertirá cada vez más en un sitio donde el visitante quiera regresar.

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