29 | ene | 2012
| Fotografía por: brent_granby
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Mobiliario urbano en ciudades mexicanas

Lo que me ha llevado a escribir este artículo es todo el tiempo que he pasado en las calles de la Ciudad de México. Debido a mi trabajo actual, al gran interés que tengo por las ciudades y gracias a estas largas caminatas, me he percatado de la gran variedad de mobiliario urbano que tenemos y la disposición “práctica” (planeada o no) del mismo en diferentes escalas.


Al hablar de “escalas” me refiero a lo fácil (o no tanto) que es encontrarnos con un bote de basura en cada cuadra (o no) en las calles principales y lo complicado que es encontrárnoslo al adentrarnos en una colonia. Esto sólo por mencionar los botes de basura.


El propósito de este escrito es traer a la mesa una reflexión sobre las necesidades que tenemos al encontrarnos casi todo el día en un espacio público, la calle. Y cómo son atendidas por parte de la infraestructura actual de las ciudades mexicanas. No ahondaré en el tema de “cada ciudad mexicana”, sino en hablar de un común denominador en todas.


Para entender esto, es conveniente observar críticamente el pensamiento de los mexicanos en cuanto a la lógica y orden con que resolvemos los problemas urbanos (y probablemente la mayoría de los del país). Al meter mano, todos (o nadie), en la decisión que se toma con respecto a “lo que va en el espacio público” y “dónde se coloca” se hace una mezcla extraña de gustos de quien toma la decisión y la necesidad de los transeúntes.


Podemos llegar a clasificar este mobiliario urbano con respecto a las necesidades que tenemos nosotros al estar en el espacio público y después de ahí, de acorde al tiempo en el que estamos en ese lugar y luego el momento del día en que es usado. Es decir, ¿la ciudad cubre mis necesidades básicas al salir de mi casa?, ¿cómo es que una lámpara mal colocada afecta mi seguridad personal?, ¿por qué hay tanta basura tirada en la calle?. Éstas, entre otras muchas preguntas, nos hacen notar que la experiencia del camino influye de sobremanera en la percepción que tenemos de nosotros mismos como mexicanos.


En México, es de notarse la falta de orden y organización entre las entidades que deciden sobre el espacio público, ya que hay muchos intereses (públicos y particulares) de por medio. Nos encontramos desde bases de postes (que nunca se colocan) donde se dejan los tornillos expuestos sin la preocupación de que alguien pase y se tropiece, hasta casetas de teléfonos (legales e ilegales) colocadas justo en el cruce peatonal. En cambio, es difícil encontrar a lo largo de este mismo camino, lleno de obstáculos que tenemos que librar los peatones, un bote de basura, un bebedero o incluso una banca para descansar un momento.


Describiendo así el camino, es de esperarse que esa “violencia física” que proyecta la infraestructura de la ciudad hacia sus habitantes; se vuelva, en cierto, punto parte del inconsciente colectivo y en consecuencia, parte de la “violencia cotidiana” que en estos momentos sufre el país.


Pero, ¿cómo podemos mejorar la calidad en el mobiliario urbano y su adecuada colocación en cada ciudad mexicana?


Pienso que a pesar de que poco a poco se han ido formalizando iniciativas tanto ciudadanas como de gobierno, que ayudan al modificar el entorno urbano inmediato, aún falta mucho por “hacer” (literalmente), y actuar en el mejoramiento de todo espacio público. Pareciera también que hacen falta investigaciones y manuales más específicos con respecto al tema; cómo los hay en Colombia y Chile, sólo por citar algunos ejemplos.


Mencionando estos ejemplos, un organismo llamado CPTED (Crime Prevention Through Environmental Design – Prevención de la Delincuencia Mediante el Diseño Ambiental) en Chile, tiene referentes de estudios muy interesantes de la manera en que afecta el espacio físico en la forma de vivir de una comunidad, específicamente en el área de seguridad.


En Colombia por ejemplo, están más estructurados en su proceso de diseño de espacio público. En la página del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) se pueden consultar los manuales técnicos específicos de mobiliario urbano, hacer peticiones de adoquinar las cuadras y conocer los nuevos proyectos que se desarrollarán.


Por último, los dejo con un pensamiento: “El primer contacto con un espacio público son sus detalles” tomada de la página de Internet del diseñador industrial mexicano Rodrigo Vázquez Ortega. Esos detalles pensados, que pueden cambiar nuestro día, que nos recuerdan nuestra escala humana y acogen nuestras necesidades al estar expuestos a la aglomeración de las ciudades.

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