13 | ene | 2012
| Fotografía por: JorgeBRAZIL
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¿Qué estilo tiene mi ciudad?

No existen, ni jamás existirán, ciudades perfectas; sin embargo, sí podemos pretender tener comunidades perfectibles. Lo anterior no intenta ser un pensamiento nihilista, sino más bien una aseveración proactiva de la polis que conformamos y que deberíamos aspirar a evolucionar.


Múltiples son las complejidades de la conformación de una metrópoli, pero si entendemos ésta como una manifestación colectiva sin un liderazgo único, determinista y totalizador, sabremos que las ciudades no tienen un autor específico (y que me perdonen Lucio Costa, Oscar Neimeyer y su Brasilia). Luego entonces, las ciudades no se construyen, sino se planean y, a partir de esta premisa, se edifican y se reconstruyen a cada momento -y su reconstrucción- es una acción en ocasiones activa y en otras (las más desafortunadas) completamente ausente de una reflexión estética antepuesta a una funcionalidad magnificente y tendiente a la productividad y bienestar mínimo de sus habitantes.


Consciente estoy que planteo una utopía: pensar la ciudad primeramente por sus valores estético-plástico-visuales, antes que por su funcionamiento al servicio de las demandas básicas de los seres que la habitan.


¿Podríamos hablar del estilo de la ciudad de Monterrey?


Es acaso neoindustrial, hidroapocalíptica fénix (por eso de cómo nos han transformado últimamente los huracanes y nuestros intentos de rediseñar la metrópoli a partir del caos), fagocitante serrana, neoárida mexicanista, postnorteña barraganiana…


Estos esperpentos citados serían una bendición estética si tan sólo uno de ellos fuera unificador y nuestra ciudad realmente tuviera un estilo identificable; ahora bien… ¿Qué urbe del mundo tiene un solo estilo? ¿Las Hadas en Manzanillo? ¿Colonia en Uruguay? ¿Santiago en Nuevo León? ¿Mykonos? ¿El Barrio del Tampiquito en Garza García?


No existe una sola estética para una ciudad, mas podemos concebir una forma de aspirar a darle una estética a la metrópoli que se conforme de ciertos parámetros distintos que compartan un fin estilístico común.


Vencer la utopía planteada es más sencillo de lo que parece, simplemente tendríamos que equiparar las formas con los fondos, entendidos estos primeros como las funcionalidades tradicionales de la planeación urbana y los segundos como el significado y metáfora visual de nuestro entorno. De esta manera en los discursos de aspirantes a alcaldías y gubernaturas, no sólo se hablaría de servicios como drenaje, agua, luz y gas, sino se prometería en campaña un transformación de todo el alumbrado público bajo una estética -digamos por mencionar sólo alguno- Art Noveau.


Como podrán leer, persisto en alimentar la utopía, más el ejercicio de aspirar a ella nos podrá dar los caminos para vislumbrar un área metropolitana con cierta estética vanguardista e identataria, tan sólo hay que atreverse a imaginar, imaginar tal vez un río seco estilo Land Art, en condominios de lujo estilo Miro, en avenidas Pop Art, en luminarias Sol Lewitt, en semáforos orgánicos a la Betsabeé Romero, en panorámicos abstractamente kandiskeanos, en escuelas públicas a la Tamayo…


Querido lector, prosiga usted con la lista y alimente la utopía del estilo que quisiera tuviera su ciudad.


VALE.

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