15 | dic | 2011
Nota por: Pepe Compean
| Fotografía por: scheinwelten
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Un árbol de Navidad para la Emperatriz

Una novedad engalanaba el Palacio Imperial de Chapultepec en la Navidad de 1864: los recién llegados emperadores de México, Maximiliano y Carlota habían mandado colocar un gran árbol navideño en uno de los salones del palacio. Esta costumbre, europea de tomo a lomo y desconocida en el país, causó furor entre la aristocracia mexicana, que adoptó la usanza de inmediato, desterrando temporalmente el tradicional nacimiento mexicano, aunque sólo por un breve tiempo.


Tras la caída del Segundo Imperio, en 1867, el árbol de Navidad ya había echado raíces en las costumbres navideñas locales. Incluso un general liberal, Miguel Negrete, se hizo famoso por el gran árbol de Navidad que colocaba en su residencia y que era reseñado por la prensa de la época. En él ya se incluía también el “nacimiento”, iniciándose una tradición propia de los hogares mexicanos.


Hay quien insiste que el Árbol Navideño no es una tradición mexicana, pero ojo, tras casi ciento cincuenta años de permanencia, el “pinito” ya se ganó justamente su carta de naturalización.

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