30 | nov | 2011
| Fotografía por: gipsongolfer
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Del barrio a la comunidad autogestionada

La gran diferencia entre mentalidad y personalidad es que el primero es un concepto que se desarrolla en colectividad y el segundo es de carácter plenamente personal. Todo barrio tiene su personalidad, erigida desde la mentalidad que profesan y comparten sus integrantes. Existen barrios célebres en su mentalidad, desde el chilanguísimo Tepito hasta el Soho neoyorquino.


Ahora bien, el problema al que nos estamos enfrentado en Monterrey es que el concepto de barrio de gente de clase media y alta se ha ido desvaneciendo en nuestra metrópoli, comunidades residenciales adolecen de apego y verdadera identidad colectiva. Algunos podrían argumentar que los nuevos complejos habitacionales “bardeados” son los nuevos barrios, afirmación totalmente equivocada, ya que en estos nuevos condominios horizontales el sentido de comunidad es nulo; lo anterior se establece porque dentro de sus fronteras sólo existen dos tipos de áreas: las colectivas de recreo y el domicilio familiar. Esto no produce verdadera interacción de los integrantes, se limita a sólo ser un área protegida del exterior, estos complejos residenciales seguirán siendo estériles intentos comunitarios mientras no incluyan lo que el barrio de los 60’, 70’ y 80’ brindaban a sus moradores: comercios, lugares de trabajo, institutos educativos, restaurantes, iglesias, modos de vida, etc.


Actualmente debemos tender a visionar comunidades residenciales multifuncionales (no sólo excluyentes mediante bardas). La nueva comunidad creada arquitectónicamente debe contemplar su funcionamiento desde una visión holística en un espacio determinado a construir, tomando en cuenta la interacción sociológica, el desarrollo laboral, la convivencia sustentable y la creación de ciertos valores de vida que le den a sus habitantes la capacidad de autogestionar su mentalidad colectiva. Es decir, los nuevos proyectos residenciales no sólo deben crear espacios arquitectónicos, sino establecer las bases para que una comunidad forme y desarrolle un estilo de vida con apego e identidad, de esta forma la comunidad podrá aspirar a ser autogestionable y definir el rumbo que comunitariamente se desea vivir y compartir.


En política como en otros oficios se dice que “toda forma es fondo”, el axioma podría aplicarse para imaginar los nuevos barrios que demanda nuestra época, concebir la forma del espacio urbano para que desde la propuesta de la misma se puedan crear comunidades con verdadero fondo. Estas nuevas comunidades residenciales ofrecerán a sus posibles clientes no un lugar donde vivir, sino más bien, una comunidad para desarrollar la vida.

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