03 | nov | 2011
| Fotografía por: rageforst
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Cementerios: patrimonios históricos y artísticos

Pronto celebraremos el Día de muertos -declarado Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Unesco en el 2003-, el 2 de noviembre, día en que recordamos y honramos a nuestros difuntos con mayor intensidad y devoción. A pesar de que los altares se montan en cualquier parte, el lugar por excelencia para rendir tributo y festejarlos son los cementerios. Pero estos lugares, también llamados camposanto o panteón, entre otros, significan mucho más que la morada de nuestros muertos y el lugar que visitamos para sentirnos cerca de ellos.


En la actualidad existe la tendencia de ver de manera distinta a los panteones, de superar el aura lúgubre que hemos creado sobre estos lugares sagrados, y reconocer otros aspectos importantes del rito de enterrar a los muertos. Los panteones son mucho más que los espacios que resuelven necesidades espirituales o higiénicas de la ciudad, éstos albergan en sus tumbas y mausoleos incalculables colecciones artísticas y muestrarios de diversos estilos y épocas arquitectónicos, así como el registro histórico de los personajes que los habitan. De este modo, el esmero por revestir el sitio del eterno descanso con distintos tipos de construcciones y decoraciones ahora toma una especial importancia.


En Monterrey destacan los panteones de El Carmen y Dolores, ya que “en ellos está enterrado el Monterrey de finales del siglo XIX y comienzos del XX”, según palabras de Juan Manuel Casas, coautor junto con Víctor Cavazos Pérez, del libro Panteones de El Carmen y Dolores: Patrimonio cultural de Nuevo León, que editó en el año 2009, en forma conjunta, el Fondo Editorial Nuevo León, la UANL, Conarte y Conaculta.


Dicha publicación representa un esfuerzo por dar a conocer un patrimonio cultural importante para el estado de Nuevo León, y que este conocimiento trascienda en la apreciación de nuestro arte y el cuidado necesario de éste. Hay tumbas muy deterioradas o mutiladas, que presentan grietas o humedad y necesitan ser atendidas o restauradas para no perderlas.


El libro se divide en dos partes: la primera aborda el legado artístico de ambos panteones. “Aquí se explican generalidades del tema, antecedentes y la historia de estos panteones, incluye también un análisis arquitectónico y artístico de algunas obras encontradas ahí. Se subdive en ocho apartados, Episodio: analiza la práctica de edificar sepulcros para depositar los restos fúnebres de la gente; Epicentro: la obra fúnebre de Alfred Giles; Epicuro: trata la obra de grandes hombres que llegaron a Monterrey con la intención de establecer su hogar, aportaron experiencias y contribuyeron a la construcción de la ciudad; Epífisis: describe las fantasiosas formas modernistas de Anastacio Puga; Epífita: hace referencia a las representaciones florales que acompañan a las sepulturas; Epitelio: habla de los filtros de la luz; Epidota: hace referencia a la piedra como material constructivo protagonista de ambos panteones; y, Epifania: habla sobre la simbología cristiana.”


Mientras que la segunda ofrece un listado de los personajes más destacados que ahí descansan. “Está conformada por el catálogo ampliado de las tumbas que ofrecen algún interés en el panteón de El Carmen, divididas en temas organizados a través de los quehaceres u oficios que distinguieron a los sepultados.” Algunas personas que fueron enterradas en este panteón son: Serafín Peña, Plablo Livas, Joel Rocha y Benjamín Salinas –fundadores de Salinas y Rocha-, Eduardo Pequeño, Isaac Garza, José A. Muguerza y Francisco G. Sada –fundadores de Cervecería Cuauhtemoc-, Ignacio A. Santos –fundador de Gamesa-, y Pablo A. de la Garza, entre muchos otros.


Existe la creencia de que los panteones de El Carmen y Dolores fueron en algún tiempo un solo conjunto, ya que están contiguos apartados por la prolongación de la calle Aramberri, pero no es así. La construcción del panteón Dolores fue aprobada muchos años después que la de El Carmen. Se construyeron fuera de los límites de la ciudad de ese entonces, en un bosque de aguacatales y nogales, en una zona que se usaba como tierras de labranza y quintas.


En 1899 se presentó el proyecto para el panteón de El Carmen al gobernador de Nuevo León, el general Bernardo Reyes. Sería el primero en su tipo, un panteón jardín con una estratégica planeación urbanística y diseño de firma, que respondería a las nuevas exigencies de la creciente sociedad regiomontana, además sería el primero administrado por particulares, que vieron en esto un rentable negocio. Para el diseño fue seleccionado el arquitecto inglés Alfred Giles, reconocido en la época por su trabajo en la ciudad.


El 17 de abril de 1901 abre sus puertas al público el panteón de El Carmen. Su éxito fue rotundo, todos los grandes empresarios de la ciudad, comerciantes, abogados, doctores, políticos y artistas pidieron ser sepultados ahí.


Por su parte la Comapañía del Panteón de Dolores abrió sus puertas al público en 1920. Para el diseño del acceso y capilla interior se contrataron los servicios del afamado constructor Anastacio Puga, quien edificó el Palacio de Gobierno.


Los materials más usados en la construcción de los monumentos más destacados fueron el mármol blanco, la cantera de San Luis Potosí o de Durango y el mármol negro del Topo Chico, y en mucho menor grado la cantera de Los Ramones. Más del 90 por ciento del mármol blanco del panteón de El Carmen fue importado de Italia, era el material preferido por su facilidad de ser esculpido y su resistencia a la intemperie. También se utilizó de manera regular sillar, granito, ladrillo, mosaicos de pasta, azulejos, cemento, concreto, hierro y acero, entre otros.


Por la calidad de sus obras en estos panteones destacan los artistas: Miguel Giacomino, Augusto Massa, los hermanos Antonio y Paulino Decanini Galli, los hermanos Biagi, Adolfo Octavio Ponzanelli, G. L. Orsini y Pedro Pagaya, entre otros.


En El Carmen y Dolores no sólo destacan la arquitectura y la escultura, sino también el arte en vidrio. Hay trabajos de vitrales excepcionales que embellecen las tumbas. Se dice que una de las mejores muestras se encuentra en el mausoleo Armendaiz, en el panteón de El Carmen.


“En los Panteones de El Carmen y Dolores, el diseño de una gran cantidad de sepulcros recuerda estilos arquitectónicos de otros tiempos y lugares: Grecia y Roma o los periodos gótico o renacentista. Andar por los pasillos de estos cementerios es hacer un viaje a través de la historia de la arquitectura en los esbozos que algunos detalles ornamentales y plásticos hacen al recordarnos épocas pasadas.” También hay muestras de Art Decó y Nouveau en menor grado.


Esta publicación tiene un valor por sí sola, pero trasciende más allá al impulsar la integración de los panteones en una especie de recorrido cultural. Estos proyectos ya se llevan a cabo en otras ciudades, siendo un atractivo más para locales y extranjeros, para conocer la herencia de cada lugar. Algunos ejemplos son el cementerio De la Recoleta, en Argentina, el panteón Francés, en la Ciudad de México, el de Montparnasse o Père-Lachaise, en París, o incluso el Museo de Arte Funerario Benigno Montoya en Durango. Además este libro ha representado el inicio de una catalogación y solicitud de intervención del INBA que ha de poner alto al saqueo, a la negligencia y el olvido de estos sitios.


Invito a todos a leerlo y aprender más de la sociedad regiomontana del siglo XX, incluso a realizar un recorrido con libro en mano por estos panteones para disfrutar de todos los detalles que nos da a conocer éste. El libro presenta innumerables fotografías que soportan la explicación y catalogación de las construcciones, así como un mapa del panteón de El Carmen.

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