30 | oct | 2011
Nota por: Elena García
| Fotografía por: St Steve
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La nanotecnología ya está aquí

En esta época en que vivimos, el avance tecnológico se da a una velocidad tan alta que no tenemos conocimiento hasta que ya las tecnologías están implantadas en nuestro entorno. Justo en este momento, la publicidad comienza con sus campañas de misiles, repletos de mensajes, que van directos a satisfacer nuestras necesidades, o también nuestros deseos más superfluos.


Y esto, ya está ocurriendo con la nanotecnología. Recientemente, han aparecido muchos productos en el mercado que presumen de ser nanotecnológicos y otros que, opuestamente, presumen de no serlo generando cierta confusión en el consumidor que nos lleva a posicionarnos a favor o en contra. Pero, ¿realmente sabemos qué es la nanotecnología? El prefijo nano inmediatamente nos hace pensar en algo pequeño. Y efectivamente, la nanotecnología es la ciencia de lo pequeño. Tan pequeño que es difícil de imaginar para el ser humano, acostumbrado a una visión macroscópica del entorno.


Hagamos un pequeño ejercicio mental: empecemos por visionar una gota de agua. Ésta tiene un diámetro de 2,5 milímetros. Mil veces más pequeñas que esta gota son las bacterias (2,5 micrómetros de largo). Pero, para poder visualizar esta bacteria ya necesitamos la ayuda de un microscopio, es la escala microscópica. Pues, imagínate, si volvemos a dividir 1000 veces la bacteria, obtendremos 2,5 nanómetros, el diámetro de una hélice de DNA de escala nanométrica. Si lo pensamos al revés: una gota de agua tiene 2 500 000 nanómetros de diámetro. Y, éste es el intervalo métrico de trabajo de la nanotecnología, entre 1 y 100 nanómetros. Y, es ahí donde comienza el misterio, porque las propiedades de los materiales cambian, ya no se comportan como las macromoléculas, y esto genera nuevas aplicaciones de los materiales tradicionales.


Al contrario de lo que pudiéramos pensar, la naturaleza y el ser humano conocían estas propiedades desde la antigüedad. Uno de los ejemplos más cercanos es el color azul índigo de las pinturas mayas. Durante miles de años ha permanecido sin mostrar deterioro o cambio de color. Los mayas fueron capaces de desarrollar un material formado por el pigmento extraído de las plantas (el índigo) y un mineral, una arcilla que atrapa el pigmento y lo protege de la degradación ambiental. También podemos encontrar nanotecnología en el vino (la mayoría de sus componentes son nanométricos), o en los alimentos como la leche, en los vitrales de la catedrales, en las pompas de jabón o en las alas de las mariposas.


En el mercado ya hay productos que dicen tener nanotecnología. Podemos encontrarlos en grandes superficies comerciales, en las estanterías de tu supermercado habitual y hasta en la farmacia de la vuelta de la esquina. Los cosméticos contienen nanoesferas, nanopigmentos que nos protegen de la luz solar, nanopartículas de oro que sirven de vehículos para dirigir moléculas más grandes hasta los estratos de la piel donde son efectivos contra las arrugas, etc. También en los vidrios de los vehículos. Poseen películas que evitan la entrada de luz infrarroja (el calor) y te protegen de la luz ultravioleta, mejorando el confort del vehículo y una reducción del consumo de combustible del aire acondicionado. Otros cambian de color y se oscurecen con la luz del sol. También en medicamentos, en mi opinión, el campo más prometedor. Ya se está estudiando el uso de las nanopartículas de oro para el tratamiento contra el cáncer, la creación de dispositivos que ayuden a transportar medicamentos hasta el lugar exacto de la enfermedad. Pinturas, cosméticos, medicamentos, vehículos, cristales, casas eficientes, domótica, computadoras, limpiadores, etc… la nanotecnología ya está aquí. Esta ciencia es una revolución, con un potencial altísimo y que abre una puerta de esperanza a grandes problemas de la humanidad como la escasez de recursos, el cáncer y el hambre, entre muchos otros.


Confiemos en que la industria química, la comunidad científica y los políticos sean capaces de desarrollar esta ciencia de una forma responsable, donde los avances generen beneficios que no tengan un impacto negativo en el ser humano y en el entorno que nos rodea. Y que, nosotros, los consumidores, sepamos elegir bien.

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