13 | oct | 2011
| Fotografía por: raulsantosdelacamara
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¡A la calle!

Monterrey es una de esas ciudades donde casi no hay vida en la calle. En parte, debido a las temperaturas extremas y quizás a la inseguridad. Parece que nos han querido encerrar en los “mols”, pero a muchos ya nos aburren con tanto comercio y porque no cumplen realmente una función social. Vamos en nuestro carro, como encarcelados de un lugar a otro sin rumbo preciso y con prisas. Las consecuencias de este estilo de vida pueden considerarse bastante graves, entre ellas la ausencia de convivencia vecinal, de actividades realmente sociales y de respeto hacia los demás y, por otro lado, se suma una falta de conocimiento y respeto vial que a veces roza la exageración/exasperación.


Cuando yo era chiquita (y probablemente la mayoría de mi generación y anteriores) salíamos a la calle a jugar. Llegábamos de la escuela, gritábamos un ¡hola!, dejábamos la mochila y salíamos a jugar con nuestros amigos a la calle. Lo más probable es que hayamos caminado al menos unas cuadras desde el lugar donde nos dejó el camión escolar hasta la casa, acompañados de nuestros amigos también.


En la calle corríamos, hacíamos carreras, sacábamos bicicletas, balones, patines y un sinfín de “aparatos callejeros” para movernos, como cajas con llantas para deslizar al vecino por la calle, bolsas de plástico grueso para aventarnos por alguna bajada, etcétera, jugábamos y nos divertíamos toda la tarde. Nos aventurábamos varias cuadras. La mayoría de las veces nos cruzábamos con varios vecinos, y gran parte de ellos nos conocían (y no éramos famosos): la mamá de Paquito, el tío de Ramón, la hermana de Susana, la abuela de María, etc. Todos nos saludaban, algunos preguntaban algo cotidiano: “¿A dónde van?”, “Caminen por la acera” ,“¿Cómo están tus papás?”…


Muchas veces paraba algún carro y se ofrecía a acercarnos a nuestro destino más rápido; y los carros siempre nos veían de lejos, reducían la velocidad y nos dejaban pasar si estábamos cruzando; claro que sabíamos mirar a ambos lados y no perseguíamos la pelota sin mirar antes si venía un coche.


La cuestión es que nos sentíamos seguros, conocíamos a mucha gente y sabíamos que nada malo nos podía pasar… un solo grito y saldría algún vecino a ayudarnos… ¡aunque no lo conociéramos!


Y sabíamos que cuando se ponía el sol debíamos ir de regreso a casa: simple y sencillo.
Hoy, cuando les cuento esto a mis hijas me miran como si contara una leyenda, fascinadas y boquiabiertas… “¿cómo?, ¿sola en la calle a los 9 años?” Y les contesto “hasta habían niños de 6 años en mi grupo de amigos”… eran otros tiempos.


No creo que los tiempos puedan regresar a lo que fueron, las ciudades han cambiado mucho, las calles se han ampliado demasiado y las distancias entre un lugar y otro a veces parecen imposibles de acortar (aunque obviamente un buen transporte público podría ser parte de la solución). Lo que sí creo es que no debemos perder de vista aquellos tiempos y todo lo que aprendimos, para reincorporarlo poco a poco al sistema actual. No se trata de hundirnos en la nostalgia, sino, recordando lo que valoramos del pasado podamos crear un futuro mejor.


Hoy en día muchos de nuestros hijos ni siquiera saben salir a la calle como peatones, y ése me parece un error muy grande de nuestra sociedad. Es muy importante para su desarrollo (y el del país) que un niño o un joven sepa cómo cruzar la calle de forma segura, conozca las reglas de vialidad existentes, que pueda leer y respetar las señales.


Es necesario realizar un esfuerzo por parte de los padres de educar a los hijos con el propio ejemplo, a través de explicaciones y conversaciones sobre seguridad vial (los semáforos y señales viales), sobre las demás personas (quién es quién) y también es importante que los mismos padres salgan a pasear con sus hijos para mostrarles cómo ser buenos peatones. Por encima de todo, es importante tener ese acercamiento con las personas, que reconozcan a los demás caminantes y se pongan en sus zapatos para aprender a respetar más. De ahí que actividades como “¡Niñ@s a la Calle! Taller Infantil de Movilidad y Educación Vial”, que tuvo lugar en la Explanada de Santa Lucía (delante del Museo de Historia Mexicana), sean una buena idea en la ciudad de Monterrey.


Actualmente en San Pedro se están llevando a cabo varias iniciativas para apoyar a los ciudadanos a salir de nuevo a las calles y a las plazas. Éstas son la Calzada de Valle para hacer ejercicio a cualquier hora y día, el San Pedro de Pinta los domingos por la mañana en la misma calzada, el Mercado de la Fregonería en el mismo Paseo los domingos, el Mercado de Antigüedades de la Plaza Juárez los sábados…, el Paseo Dominical de Tampiquito, actividades familiares en Chipinque… todas son una excelente oportunidad de pasar tiempo de calidad en familia y enseñar a nuestros hijos cómo es posible estar en la calle de manera respetuosa. En el centro de Monterrey se puede aprovechar la Macroplaza con sus museos, calle Morelos, el Paseo Santa Lucía y el Parque Fundidora, además del parque de la Pastora.


También es necesario realizar un esfuerzo más en recordar las reglas básicas de la seguridad vial por parte de entidades educativas y sociales. Esto debe ir a la par con el impulso por parte del Gobierno de hacer las calles más seguras, y no me refiero al ejército: sino, a mantener las calles y aceras arregladas, en buen estado, sin “hoyos sorpresa”, ni topes sin sentido; recoger la basura y poner señalamientos a la vista que sean coherentes. Obviamente va de la mano con reducir (y enseñar a respetar) la velocidad máxima en algunas zonas, sobretodo donde pueden (y deben) haber peatones y niños.


Al fomentar el caminar por las calles y abrir espacios para el paseo, favorecemos el contacto humano, animamos el acercamiento a los demás, podemos conocer y reconocer al vecino, hacer nuevas amistades, reencontrarnos con antiguos compañeros y todo esto sin el escudo del coche o de la pantalla de la computadora… ¡es importante abrir más espacios de este tipo por toda la ciudad!


Recuerden lo que un día fue… y utilicen los recuerdos para construir aquello que tanto anhelamos… y sobretodo… ¡aprovechemos estos momentos para ser mejores personas y hacer una mejor ciudad!

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