26 | sep | 2011
Nota por: Julio Mejia III
| Fotografía por: atmtx
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La ciudad sin peatones

Hoy día, el peatón parece ser un melancólico fantasma perteneciente a una mítica edad dorada de las grandes ciudades. Se le ve vagar, de manera torpe y clandestina, por las irrefrenables calles de un mundo que no comprende y, en injusta reciprocidad, no lo quiere comprender. Avanza, ora con necia temeridad, ora con cándido temor, y los impetuosos cocheros lo desdeñan cruelmente.


Alguna vez, quizás, supo protagonizar las avenidas. Los ocasionales puentes y despintados pasos peatonales se me figuran casi como vestigios arqueológicos de una época en la cual se sugiere que ambas partes –conductores y peatones- conocían y respetaban su papel. ¡Cuán dulces y cuán amargas serían estas palabras si fueran ciertas! Dulces por la existencia de un pasado benigno; amargas por la pérdida de dicho pasado.


La verdad sea dicha, Monterrey –junto con su área metropolitana- es una de las zonas del país con mayor concentración de vehículos en constante circulación. Diariamente, poco más de un millón de automóviles privados y casi cinco mil camiones de transporte urbano realizan aproximadamente nueve millones de viajes por toda la Zona Metropolitana de Monterrey, según datos proporcionados por el ingeniero Moisés López Cantú, miembro del Consejo Estatal de Transporte y Vialidad, y recuperados en el blog Datos y Numeritos. Y, aunque el hacer esta aseveración casi parezca ingenuo, por su obviedad, la verdad es que en Monterrey hay varios problemas de circulación.


¿Pero qué tiene que ver una elegía al peatón con una realidad incuestionable? Simple: las políticas de desarrollo urbano y vial están enfocadas a facilitar las condiciones a las cuales está sometida la mayoría de la población. Según el Estudio para la Determinación y Demanda Potencial de Estacionamientos Subterráneos y Parquímetros en Tres Zonas del Municipio de San Pedro Garza García (p. 56), el parque vehicular total del Área Metropolitana de Monterrey al 2020 rebasará los dos millones de vehículos registrados. El peatón, que representa una minoría (no tanto en un sentido cuantitativo, sino por su naturaleza incidental), no merece la misma atención que el conductor o el usuario de transporte urbano. El Plan Estatal de Desarrollo (2010-2015) no menciona ni una vez siquiera la palabra “peatón”. Lo cual, aunque tiene sentido para el hombre pragmático, no deja de ser una vil descortesía y una negligencia ética.


¿Cuántos puentes peatonales se han construido este 2011? ¿Cuántos se construirán en lo que queda del año? La respuesta, no muy sorprendente, es “ninguno”. ¿Por qué invertiría el gobierno en la construcción de puentes peatonales que cumplen una función meramente decorativa? La falta de una cultura peatonal hace que puentes, pases y semáforos sean un gasto impráctico. Al respecto, les recomiendo ampliamente revisar el blog de Fermín Téllez, donde se exhibe evidencia fotográfica del desuso de 23 puentes peatonales distintos en el área metropolitana de Monterrey.


¿Pero qué es esto de una cultura peatonal? En los términos más simples, no se refiere sino a las técnicas adecuadas para cruzar las calles y avenidas de la ciudad. Todo para garantizar la seguridad y tranquilidad de los transeúntes. Pero es un asunto mucho más complicado de lo que aparenta; que concierne tanto a peatones como conductores, así como a la infraestructura de la ciudad. No hay un solo responsable de la mala cultura peatonal. La infraestructura local favorece a los usuarios de vehículos automatizados; al verse favorecidos, muestran poco respeto por los pases peatonales; por otro lado, esto disuade a los peatones a respetar tales pases; si éstos no son verdaderamente útiles, ¿por qué desperdiciar tanto tiempo cruzando puentes?


El asunto es que todos somos igualmente responsables. Si fuéramos conductores con más consideración por el peatón, quizás éste acudiría a emplear los mecanismos que deben facilitar su traslado. Si, como peatones respetáramos los señalamientos y cruces invitaríamos a los conductores a respetarnos más. Y así, en conjunto, se podría hacer presión al gobierno para garantizar mejor infraestructura.


Y, aunque tuvieron en sus principios una razón de ser muy diferente, creo que vale la pena releer unos versos del poeta español Antonio Machado bajo una nueva luz, más contemporánea y urbana, para concluir esta reflexión.


Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino:
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

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