01 | ago | 2011
| Fotografía por: D70
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Bullying vial

Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá hasta el año 2000, visualizó una ciudad más humana, transformada para dar cabida a los peatones y a los espacios donde éstos se encontrasen. Escucharlo o leer sus entrevistas resulta alentador, pues utiliza palabras como felicidad, dignidad e igualdad cuando se refiere al ideal de ciudad. Mencionaba en una visita a Guadalajara “Cuando habla uno del espacio público estás hablando de eso, de los espacios públicos, en donde todos los ciudadanos se encuentran como iguales. Una ciudad que demuestre que el ciudadano que va a pie es tan importante como el que va en un auto de lujo”. Percibe a la banqueta como el espacio público por excelencia, pues sucede en todas partes y cualquiera puede acceder a ella. En Monterrey, esto es algo que se olvidó cuando moldeamos nuestro ideal de ciudad y dimos al automóvil protagonismo.


En Monterrey y su área metropolitana las banquetas se han degradado en vocación y función, convirtiéndose en un mero trámite para algunos, extensión del área cedida al auto para otros o simplemente en una idea que no se materializa. Los nuevos proyectos urbanos están orientados a la circulación vehicular, mientras que la peatonal juega un papel secundario. Me parece que así es porque aún no hemos probado las mieles de un Monterrey peatonal.


En búsqueda introspectiva del por qué no tenemos más banquetas y espacios públicos dignos para el peatón, me vino a la mente un puente vehicular elevado. Hasta los llegué a visualizar como dos estudiantes de secundaria con personalidades opuestas, mientras la banqueta es introvertida y humilde, el puente elevado es, utilizando un término de moda, un bully, quien empuja a la banqueta, le roba el almuerzo, lo opaca y le escupe en la cara. Y al resto de los estudiantes (esos somos los ciudadanos) les divierte la situación momentáneamente, pero en el fondo saben que a largo plazo prefieren la amistad de la banqueta sobre la del acosador. Asumiendo que el almuerzo mencionado es una analogía del presupuesto para construir banquetas dignas, me di a la tarea de hacer un ejercicio sencillo. Siempre he tenido fascinación por las estadísticas y por analizar el contexto de una situación con base en comparativas numéricas. Se observan realidades que de otra manera parecen abstractas y ajenas. Y, cabe señalar, me refiero a matemáticas básicas, que son las que sé.


¿Qué nos alcanzaría con el dinero que se gasta normalmente en un puente vehicular elevado? Utilicemos de punto de partida uno de tres carriles por sentido, de aproximadamente 300 metros de longitud. Es un puente estándar entre los proyectados para los siguientes meses en Monterrey.


La primera etapa o idea del ejercicio fue la más radical, pero a la vez la más sencilla. Nuestro presupuesto ficticio alcanzaría para construir rampas para personas con capacidades diferentes cumpliendo estándares universales, pintar las franjas peatonales (cebras) y darles mantenimiento por 5 años, pintar las líneas de carriles y colocar señalización clara y de calidad –sin incluir semáforos– en 600 intersecciones de avenidas. Imaginemos el empoderamiento del peatón al hacerse seguros y accesibles los cruces más importantes de la ciudad, en todos los municipios. Y tal vez, hasta alcanzaría para algunos secundarios.


El segundo ejercicio fue atendiendo otro de los grandes problemas de las banquetas -y de la ciudad en general- que es la falta de árboles para hacer los recorridos confortables. En este sentido nuestro presupuesto nos alcanzaría para reforestar con especies nativas de 3.5 metros de altura, colocadas a cada 15 metros en ambos lados de la calle, un total de ¡54 kilómetros! Esto equivale a las avenidas Gonzalitos, Cuauhtémoc-Alfonso Reyes-Universidad, Revolución, Eloy Cavazos, Lázaro Cárdenas y Leones juntas. Alguien pensará, para qué plantar árboles tan pequeños que tarden en crecer y dar sombra suficiente. Para ellos, podemos gastar nuestro dinero virtual en sólo 12 kilómetros plantando árboles de 8 metros de altura, reforestando al 100 por ciento el eje Cuauhtémoc-Alfonso Reyes-Universidad.


Pero si lo que nos faltan son banquetas, definitivamente otra opción sería invertir nuestro capital inventado (a menos que exista ya la cancelación de un puente a desnivel cuyo presupuesto esté buscando nuevo destino) en la habilitación de aceras de 2.5 metros de ancho con un acabado durable y estético, a ambos lados de la vialidad, a lo largo de 8.5 kilómetros (Av. Eugenio Garza Sada). Al obtener estos números, imagino lo que se podría hacer con el presupuesto de un paso deprimido (que resultan normalmente más costosos).


Hemos olvidado el valor de las banquetas, de los árboles y de los espacios públicos en general. Tenemos ahora la oportunidad de retomar el protagonismo que nosotros, los peatones, cedimos al automóvil y volver a encontrarnos en las banquetas. Sólo falta exigir que se detenga el “bullying”.

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