22 | ago | 2011
| Fotografía por: Vivir Descalzo mx
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¿Puede cambiar el cine a mi ciudad?

La más popular y masiva expresión artística de los tiempos modernos sin duda alguna ha sido el rock y detrás, del estruendo y parafernalia rocanrolera, llega su fastuosa majestad: el cine.


Ambas expresiones son consideradas jóvenes subgéneros de cánones artísticos anteriores (léase: teatro y música), los cuales logran su inmenso impacto mundial durante la transición del fin de la modernidad al inicio del posmodernismo, y es durante las décadas de los sesenta y setenta que emergen como resabios del libre pensar dentro del mass media mundial.


Independientemente del vacuo cine hollywoodense o el rock pop frívolo, en ambas manifestaciones hay claros discursos con impactos globalizados que tienden a la más pura reflexión crítico-propositiva. Es el rock quien por primera vez intenta “cambiar al mundo” mediante su alocución afirmativa de que la música puede conducirnos a un mundo mejor, lamentablemente descubrimos que la maniática arenga no cambió a la sociedad planetaria con su bello bombardeo decibélico; tras algunas décadas presenciamos que las aportaciones/mejoras sociales entre “All you need is love” y “Sympathy for the devil” son casi idénticas, es decir, vagas e intangibles en el parámetro del cambio social y comunitario; Bono sigue intentándolo y al hacerlo (en muy personal opinión) se convierte cada vez más en un excelente activista globalizado y multicultural, el cual descuida su propuesta musical.


El cine y otros productos audiovisuales retoman el protagonismo con el advenimiento de la era digital y sus redes sociales, la narrativa audiovisual de la era del Internet tampoco está exenta de magnas superficialidades, sin embargo sirve (aún mejor que el rock) como verdadero coadyuvante para desenmascarar, desacralizar, desmentir, reinformar y redirigir contenidos.


En nuestra ciudad de Monterrey, el papel provocativo e las intenciones cambiantes del rocanrol son más bien asumidos por el movimiento del “Llanto nuevo” -¡perdón!-, “Canto nuevo”, el cual nos dejó maravillosos años de peñas y letras memorables, más no contribuyó crucialmente a generar una mejor sociedad, menos aún el Hip-Hop o el rock noventero regio.


El cine irrumpe en la Sultana del Norte como actividad constante en la década de los noventa, anteriormente a esos años en Monterrey existían cinéfilos mas no cineastas, o sea, estudiosos mas no creadores, cabría aclarar que a 20 años del surgimiento del cine local no hay todavía un movimiento que logre identificarse, es decir, no existe un “Cine Regio” donde se puedan encontrar confluencias estéticas, ideológicas y conceptuales.


Entre la comedia ligera “Inspiración” (Huerta, 2001) y el documental de impacto mundial “De Nadie” (Dirdamal, 2004) hasta “7 días” (Kalife, 2006), realmente no hay nada que nos diga que cambiaron las conciencias ciudadanas y eso condujo a una postura colectiva que ayudara a generar una mejor metrópoli. El novel quehacer cinematográfico deambula la etapa de expresión netamente personal, cada uno de los creadores involucrados estamos inmersos en la necesidad de exponer un discurso propio que todavía no concatena una narrativa colectiva. Las razones que actualmente impide que el cine contribuya a transformar nuestra sociedad son varias:


1. Producción y exhibición: es increíblemente limitado la cantidad de largometrajes (ficción o documental) que se producen y exhiben al año, en nuestros mejores momentos hemos llegado a producir hasta 4 películas en un año y la exhibición nunca ha logrado que dos largometrajes regios se proyecten al mismo tiempo en temporada regular en salas cinematográficas.


2. Falta de escuelas: no existen universidades formales y reconocidas que ofrezcan estudios en quehacer cinematográfico en la ciudad, el cine al contrario de otras artes, no sólo es el más joven movimiento de la ciudad, sino además adolece de la orfandad académica de calidad.


3. Financiamiento y proceso de creación: como ningún otro arte el cine carga el estigma de ser el quehacer más caro, su manufactura demanda (además de una enorme inversión monetaria), de un equipo de trabajo amplio, el cual debe de integrase para enfrentar las difíciles etapas de desarrollo de proyecto, financiamiento, preproducción, rodaje, postproducción, corrida de festivales, publicidad, temporada comercial y distribución en DVD, TV y redes sociales.


Los anteriores factores son los que, hasta la actualidad, me permiten afirmar que el cine regio no ha logrado ayudar a la transformación de la ciudad, creo que a nivel nacional varios filmes del llamado “Nuevo cine mexicano” sí han conseguido generar una conciencia completamente nueva en cuanto a nuestro devenir, por mencionar solamente algunas producciones completamente disímbolas cabría resaltar: “La ley de Herodes” (Estrada, 1999), “Arráncame la vida” (Sneider, 2009), “Los que se quedan” (Rulfo y Hagermann, 2010), y claro, “Presunto culpable” (Hernández y Smith, 2011).


Estoy convencido que el cine neolonés logrará su impacto social, sólo es momento de ser pacientes, apenas llevamos insipientes 20 años de escasas películas regiomontanas. Actualmente vivimos un momento crucial de la historia mexicana que lamentablemente centra su problemática en varios estados del norte, si algo bueno traerá esta fractura social es una nueva manufactura del discurso artístico que -aunado- a la conciencia ciudadana de cambio y porvenir provocará arte cinematográfico con más impacto comunitario. El cine será un protagonista en contar las historias que ayudarán a cambiar la historia de nuestra ciudad (y de algunas otras del norte), si alguien lo duda… pues lo platicamos en 20 años. VALE.

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