19 | jul | 2011
| Fotografía por: jayceeloop
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Nuestras amígdalas y el huracán

Todos los años escuchamos noticias de desastres alrededor del mundo: terremotos, huracanes, inundaciones, tsunamis. Las imágenes son impactantes y se distribuyen en noticiarios televisivos, páginas de Internet, correos electrónicos, entre otros. Los testimonios son desgarradores y se reproducen una y otra vez con el propósito de estimular nuestra empatía y animarnos a ayudar de una manera u otra. También, con cada uno aparecen pequeñas leyendas, anécdotas, gestos heroicos de apoyo, esperanza y hermandad que nos conmueven porque representan lo mejor de nuestra raza.


Biológicamente, lo que nos sucede cuando presenciamos un desastre natural (sea ficticio, como en una película, o verdadero, como en un noticiario) es similar a lo que experimentamos cuando nos encontramos en uno: se activa una alarma en la amígdala, en nuestro cerebro, y se desencadenan los mecanismos de reacción. Cuando estamos en medio de una catástrofe, nuestro bienestar depende de la agilidad de estos mecanismos, y cuando sólo somos espectadores, estos mecanismos se alimentan y complementan con la reacción de quienes sí se encuentran en la escena: no sólo experimentamos alivio cuando el héroe de la película actúa a tiempo, sino que refuerza nuestra certeza de que si llegáramos a estar en una situación similar, nosotros también seremos capaces de salvarnos.


Entonces, si la empatía es un proceso interno tan fuerte y natural, ¿de qué depende el nivel de ayuda y respuesta tras un desastre natural? En otras palabras, ¿de qué depende que esa empatía se convierta en ayuda y no se estanque en lo que conocen los psicólogos como efecto espectador? El efecto espectador ha sido estudiado exhaustivamente y se reconocen algunos agravantes para la inacción de aquél que presencia a otro en problemas o en alguna emergencia. Por ejemplo, se sabe que la responsabilidad de actuar que siente el espectador se diluye en la medida en que sabe que hay más espectadores (¿Por qué ayudarlo yo, si puede ayudarlo alguien más?). Indiscutiblemente, el factor más determinante es el sentido de pertenencia. El espectador tiende mucho más a actuar si siente una conexión o identificación con la víctima, y/o si siente esta identificación con un grupo de personas dispuestas a ayudar.


El 2010 difícilmente pasará desapercibido en la historia de los desastres naturales en Nuevo León. Sin embargo la temporada de huracanes regresa cada año, y la posibilidad de registrar heridos, damnificados o afectados nunca desaparece. La temporada 2011 inició en mayo y está pronosticada para ser muy activa en el Atlántico.


Es muy posible que por mucho tiempo no volvamos a pasar por una experiencia como la que vivimos en 2010, pero aún así debemos prevenirnos. Y debemos estar conscientes del papel que, llegado el caso, podemos llegar a jugar: todos podemos ser centros de acción, de ayuda, de empatía.


Propongo algunas maneras sencillas de ejercitar este papel: simplemente necesitamos reforzar nuestra pertenencia a la comunidad, involucrarnos más, apreciar y enorgullecernos de nuestra identidad y todo lo que nos vincula con el resto de la ciudadanía, mantener y fortalecer nuestras amistades, disfrutar nuestros espacios públicos. Y de paso, no ver tanta televisión. No se nos vayan a entumir las amígdalas.

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