19 | jul | 2011
| Fotografía por: sftrajan
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De desastres nacionales y naturales

Durante la llamada “Guerra de los pasteles” (justa cuyo título envidiaría el mismísimo García Marquez), el entonces autotitulado generalísimo Antonio López de Santa Anna -no sólo uno de los peores presidentes nacionales, sino sin lugar a duda el más nefasto de los vendedores de bienes raíces de la historia del ser humano- perdería en heroica acción militar su pierna izquierda, la cual, tras la victoria en contra de los reposteros franceses, ¡perdón!, los castrenses galos enterraría con ufanados actos funerarios en su hacienda veracruzana de Manga de Clavo en 1838. Al desarrollarse su segundo periodo presidencial (de diez que sufriría la nación), decidió de forma magnánima exhumar su ausente miembro pedestre para volver a enterrarle el 27 de septiembre de 1842 con exacerbado lujo de honores en el cementerio de Santa Paula en la ciudad de México, en efecto, en la proteica mente de Santa Anna el segundo entierro demandaba exequias y actos que un duelo nacional requería: desfile militar pomposo, misa de cuerpo presente (sic), asistencia enlutada y de gala del resto del cuerpo vivo del dictador; aunado a lo anterior, un séquito impresionante de políticos, burgueses, embajadores, extranjeros opulentos y hordas de lumpen proletario desconcertadas ante la maniobra solemne de rituales desplegados para enfrentar el desastre nacional.


El anterior hecho histórico me hace recordar la afirmación de André Bretón cuando visitó el país por primera vez y profetizaba que México era un país eminentemente surrealista, mas los surrealismos que más me atraen no son los culturales o idiosincráticos, sino aquéllos que se nos presentan como estigmas sociales que nos cuesta enorme trabajo identificar, aceptar y cambiar. Uno de ellos: Los desastres naturales.


Nada más absurdamente surrealista como la anterior frase que en sí misma encierra una contradicción tremenda, la naturaleza no crea desastres, simplemente se transforma y reacomoda, los únicos desastres que existen son los que los humanos le infringen a la naturaleza (léase calentamiento global, extinción de especies, tala indiscriminada, etc, etc… y etcéteras varios). Veamos el problema de inundaciones causados por “desastres naturales” en Monterrey, en su mayoría estas afectaciones no son más que el producto de cómo el ser humano ha intervenido su hábitat y cuando suceden “expresiones eufóricas” de la naturaleza, las “invasiones humanas” son altamente afectadas ya que en la planeación de construcciones y viviendas no toman en cuenta la naturaleza misma de la naturaleza; en otro lado del orbe podemos analizar el caso de las plantas nucleares japonesas, nuevamente afectación de la naturaleza e irresponsabilidad al ubicar a éstas cerca del agua para poder usarla para su funcionamiento; podría seguir comentando innumerables casos del punto expuesto, no existen desastres naturales, lo que realmente existe son irrupciones humanas irresponsables e irrespetuosas.


El fenómeno de la pierna de Santa Anna, pareciera un acto aislado y personal, sin embargo, considero que es un excelente ejemplo para hacer un parangón de nuestra petulante e indiscriminada forma en que hemos infringido, violado, culpado y vejado a Gaia.


Tan sólo somos una más de las especies que habitan este planeta, me entristece saber que metafóricamente ya perdimos una pierna, y no nos hemos atrevido a hacerle un funeral digno de reflexión, si no cambiamos el concepto de desastres humanos/desastres naturales, no faltará mucho para que enterremos otra pierna, luego ambos brazos, seguirá el abdomen hasta que por nuestro propio deseo de progreso inhumano acabemos con nuestra tierra y con ello nos condenemos al exilio de la naturaleza.


Ciudad de Nuestra Señora de Monterrey
Julio del 2011


Recomiendo leer el libro de James Lovelock Gaía una nueva visión de la vida sobre la tierra.

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