10 | may | 2011
| Fotografía por: Shoothead
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Salud Mental

El terapeuta entra en una crisis existencial, justo antes de evaluar al peculiar paciente que sufre de un trastorno de lenguaje; la línea divisoria entre la cordura y lo coherente, le abruman todos sus años de entrenamiento para entender la psique humana. Cómo evaluar si la salud fisiológica depende de la salud mental y sus dictados del comportamiento, acaso toda conducta proviene de la perversa relación del inconsciente y lo consciente.
¿Se es sano corporal o mentalmente? ¿Puede esta dicotomía disociarse? Salud física garantiza salud mental ¿viceversa?


Sus dubitaciones conducen al joven doctor a hundirse aún más en la inseguridad terapéutica. Era tiempo de aplicar sus pruebas psicológico-psiquiátricas al paciente, presuntamente insano, el primer cuestionamiento fue filosóficamente aterrador:


- ¿Cree tener un buen estado de salud?
El paciente -impaciente- de la espera paciente, se reacomoda en su silla y, de forma pausada y plácida, expone.


- Siempre he odiado las definiciones, principalmente por su intrínseco fallo hermenéutico. Más le reconozco que hacía mucho tiempo nadie me cuestionaba algo tan deliciosamente poético. Le diré, mi estimado, que creo en este credo definitorio: Alguien sano podría ser el que respira amaneceres y exhala esperanza en noches de luna llena; la salud no es más que la condición donde los pétalos transforman sus vellos en rocío perfumado y la vida deambula entonando una melodía de suspiro gentil; saludable debería ser un estado de realidad donde los colores te besan el alma y el agua, viento, fuego y tierra son uno solo en la piel de tu porvenir; lo higiénico lo percibo como el lugar de convivencia en el cual la luz es música, la música arcoíris y el arcoíris universo con estrellas multicolor que alimentan el brillo de los ojos infantiles necesitados de esperanza; la lozanía es la frescura de un noble sorbo de agua de lluvia pura jamás purificada. Finalmente mi estimado doctor, qué podría decir un humilde poeta de la vitalidad más allá de intentar afirmar que la palabra sana es aquélla que recorre la salud de un cuerpo que está listo para alimentar otro con la vitalidad de su pasión espiritual.


El paciente con trastorno de lenguaje irreversible se acerca al terapeuta y le brinda un abrazo ritual. Al término del mismo, el terapeuta experimenta una felicidad liberadora, ahora todo le queda claro: sólo existe un tipo de salud, sin divisiones ni jerarquías, la salud, como el ser humano, es una feliz conjunción física y mental, mental y física, no puede existir una sin otra y sólo prevalecen conjuntamente.


Y parafraseando al poeta uruguayo Benedetti, el terapeuta piensa en su esposa y suspira emancipado:


Si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos



Paciente y terapeuta sonríen. Por un momento, la vida se siente más sana.

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