07 | abr | 2011
Nota por: Julio Mejía
| Fotografía por: Laurentzziu
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Neruda: Nuestro mundo
a través de la poesía

En aras del Día Mundial del Agua –22 de marzo–, cabe reflexionar sobre la dirección que ha tomado la conservación y desarrollo de los recursos hidráulicos. Este año, el tema central es, precisamente, la ciudad. Uno de los mayores desafíos urbanos contemporáneos es el buen manejo del agua.

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, poeta chileno y, en 1971, ganador del Premio Nobel de Literatura, es mejor conocido como Pablo Neruda. Sus obras más conocidas son: 20 poemas de amor y una canción desesperada, publicada en 1924; Canto general, de 1950; y de 1954, Odas elementales. Han pasado ya más de cincuenta años de la publicación de sus Odas, nuestro tema del día, pero a pesar de ello tienen una vigencia que pocos textos comparten.

Generalmente, cuando hablamos de odas, nos imaginamos poemas en que se hace alabanza de alguna cualidad determinada de cualesquier objeto o persona. Si bien, es cierto que el tono elevado de este tipo de composiciones nos hacen inferir esta definición, la oda no implica necesariamente tal alabanza: sencillamente es la reflexión del poeta respecto a un tema en específico. Cierto: al hacer una reflexión poética sobre algo, ese algo se ve alzado, sea ya grande o, por otro lado, marginado.

Ciertamente, Odas elementales es un poemario en el cual están inscritos poemas sobre los más diversos temas. Así, comparten hogar odas al aire, a la alcachofa, a los poetas populares, a Valparaíso, a la envidia y al átomo, entre muchas otras. Tomando esto en cuenta, podemos hacer una lectura mucho más madura de las Odas de Neruda: no hace alabanzas de las cosas, reflexiona sobre ellas y, al hacerlo, nos invita a nosotros a hacerlo también.

Pablo Neruda fue, además de poeta, político. Su obra refleja una visión crítica del mundo y un genuino interés en el hombre y sus problemas. Para él, los verdaderos poetas son aquéllos que no se limitan a cantarse a sí mismos, a su amada o a sus impresiones, sino los que trascienden esa cápsula personal y se centran en la fraternidad de los hombres y los pueblos.

En sus Odas, Neruda expresa su convicción de que todas las personas son iguales y, por lo tanto, con el mismo derecho a disfrutar los bienes del mundo. Esta idea de un mundo común, que debe ser generosamente compartido, nos ayuda a hacer de las Odas una nueva lectura. Ya no se trata sólo de la poética por mera recreación. Entra en juego una preocupación legítima por los problemas ecológicos que un capitalismo irresponsable ha causado. Así, en la Oda al aire, canta:

El agua se vendió
y de las cañerías
en el desierto
he visto
terminarse las gotas
y el mundo pobre, el pueblo
caminar con su sed
tambaleando en la arena.


El verso va más allá del mero ornato. Estas palabras nos han acompañado en un interesante recorrido: partiendo de la experiencia de lectura de las Odas elementales reflexionamos sobre los problemas de nuestro mundo. Ninguno tan vigente como el uso del agua. El verso, aunque fijo en lo más simple y cotidiano, nos invita, por medio de esa ingenuidad tan pura de la buena poesía, a querer hacer del mundo un lugar mejor.

Nuevamente se abren las puertas para la reflexión: ¿cómo podemos administrar el agua de manera responsable? Sigamos el consejo –a veces implícito– de Neruda en su poesía: no usemos más que lo necesario. Llevemos una vida más sencilla y más consciente sobre nuestro mundo y los problemas con los que se enfrenta debido al mal manejo que hemos hecho de sus recursos.

La invitación que hago no es la de leer la poesía de Neruda, sino de leer nuestro mundo y sus achaques por medio de sus versos, o de otros poetas. Y luego, en reconocimiento de nuestra responsabilidad como individuos y seres urbanos, emprender acciones que estén a nuestro alcance para solventar los retos a los cuales todos nos enfrentamos.

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