26 | abr | 2011
| Fotografía por: Kalvans
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Huertos urbanos:
nuestro turno

Hacer fila o ingresar a una lista de espera son acciones ordinarias en la vida. En algunas ocasiones aguardar turno llega a ser frustrante pues no hay una motivación ulterior, sino una necesidad. Basta preguntarle a quien requiere atención médica en el seguro social. Otros casos son en los que esperar resulta emocionante, pues al final del camino se obtiene algo que se añora por voluntad. Jóvenes acampando fuera de las tiendas de Apple cuando la marca está por lanzar un nuevo producto o alguien dispuesto a estrenar su auto a meses de distancia con tal de que sea del color que desea, son ejemplos de este tipo de espera. En éstos, como en muchos otros, el tiempo invertido se premia con un objeto material o un efímero momento de entretenimiento –como la fila del cine–, lo cual no deja de ser un tema de materialismo y superficialidad. Pero qué motiva a una familia, una pareja o un individuo de ambiente cien por ciento urbano a ingresar en una lista de espera, de hasta cuatro años, para obtener una pequeña área de terreno en Wimbledon, Londres para sembrar y cosechar hortalizas. Una posible razón: un verdadero estilo de vida.

Wimbledon es una zona del área metropolitana de Londres con un alto poder adquisitivo, donde el precio promedio de una casa ronda los once millones de pesos y existen decenas de pequeñas tiendas de autoservicio, desde estándar hasta lujosas, incluidas las gourmet, en las que los habitantes pueden fácilmente realizar sus compras de verduras. Aun así, la demanda por un allotment –pequeña área de tierra urbana rentada anualmente por el gobierno o instituciones a individuos que buscan producir su propio alimento– es de las mayores a nivel mundial, por lo que si hoy decidieras producir tus jitomates, sería en julio del 2015 cuando los cosecharías. Notoria diferencia si lo comparamos con los veinte minutos que tomaría ir al súper y comprar un kilo de encerado tomate guaje.

Asumiendo entonces que no es la comodidad el aliciente de aquéllos esperando su turno –asunto de por sí ya extraño–, conviene explorar las motivaciones de quienes ya gozan del beneficio del allotment o huerto urbano, y como introducción se dirá que todas ellas, las motivaciones, poseen un sentido más sustentable, que el enfoque –o mejor dicho desenfoque– ambiental de la comercialización de alimentos a gran escala.

Saber qué estás comiendo es un buen inicio para cultivar tu propio alimento. Comprender el proceso que inicia con una semilla y termina con comida en la mesa, admirando cada paso, es una excelente manera de hacernos conscientes de lo que implica alimentar a más de seis mil millones de personas y, de paso, asegurarnos que nada muy extraño y misterioso con efectos oscuros se introduzca en dicho proceso. Realizar una actividad productiva, como lo es trabajar la tierra, puede desarrollarnos como personas más activas, perfil que hace falta en Monterrey, para combatir los propios problemas. Pasar más tiempo al aire libre en las tardes y fines de semana permite desarrollar una sensibilidad aguda a los retos ambientales y urbanísticos de la ciudad. Compartir en familia o pareja una labor productiva satisfactoria en términos ambientales y económicos resulta ser un motor en el desarrollo de las personas que participan.

Por último, el intercambio y convivencia social es posiblemente la motivación más profunda entre el número creciente de agricultores urbanos, quienes al compartir los resultados de sus cosechas, entre vecinos de huerto o de vivienda, han establecido vínculos vigorosos que a su vez se traducen en beneficios a la comunidad entera, en temas tan diversos como seguridad, ahorro energético y presencia y fortaleza como agentes de cambio, entre otros.

San Pedro Garza García y San Nicolás de los Garza son las entidades dos y seis entre las más ricas de México, y el área metropolitana de Monterrey se debate siempre entre el segundo y tercer lugar de importancia a nivel nacional. Generalizando, podría decirse que aquí, el motivo para ingresar a una lista de espera de huertos urbanos no sería la necesidad económica, sino la conciencia que forma la educación. Siendo conscientes de: el gasto energético y ambiental que implica que un tomate llegue a una tienda –proveniente de otro estado o país– y de ahí al hogar; el aumento de la inseguridad en parte por la falta de espacios de convivencia y aprendizaje al aire libre; y, el deterioro de nuestra salud al consumir productos cuyo origen desconocemos en ocasiones, éste es buen momento para irse anotando en la carrera por ocupar, y ocuparse, de un huerto ya sea en la azotea, en el terreno baldío de la cuadra o mejor aún, en la tierra destinada para tal efecto en tu colonia. Imaginemos Monterrey como la ciudad de los huertos urbanos.

Consulta www.cityfarmer.info, www.sembradoresurbanos.org, www.vegetable-gardener.net

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